Un último documento

Lo primero que me dijiste fue que ‘’poco a poco’’, que todo lo resolvería el tiempo. Que sabía lo que querías; que si me esforzaba te conseguiría.

Quizás no debí decirte nunca que te amaba, si no que te odiaba. Que te odiaba por haberme elevado a la cima del Everest, por haberme hecho sentir más libre que cualquier otro que se encuentre aquí abajo.

Y es que, ¿Sabes? , acabé por considerarte un elemento sideral que atentaba contra la razón humana y desmontaba todas las teorías físicas. Era físicamente imposible haber encontrado alguien como tu; alguien que se asemejara a un ángel.

Lo peor de todo eso es que ascendiste tanto, que llegaste a perdérteme de vista. Pero tranquila, es imposible olvidar tu sonrisa. Es imposible eliminar la idea de que en un pasado dorado tuve una Reina mora.

Ya he escrito mucho sobre ti, más de lo que nunca habría imaginado hacer por cualquiera. Pero, aunque estés por encima de mí y de medio mundo, he descubierto que hay otros seres celestiales que sobrevuelan las alturas. Inalcanzables, es verdad, pero con los que compartes espacio aéreo.

No pretendo alcanzar el Olimpo, simplemente me conformo con poder observarlo desde lejos cada día. Por que ya no eres la única, pero siempre serás la primera.



Mañana algo de playa. Si la ''cigüeña'' me lo permite. Que esta semana se han unido la falta de olas, un examen que tengo mañana y la llegada de familia desde Argentina.

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